IVª Escalada al Espolón Sol y Sombra.

TORNILLO de la Virgen del Mallo.

 

Así se llama el mallo, ósea así lo bautizaron cuando lo subieron por primera vez, Rabadá, M. Bescós, Montaner. 1952. vía normal.

Y le pusieron ese nombre tan largo, en honor o a petición de una cordada anterior que había intentado

subirlo sin éxito porque el primero de cuerda se dio un tremendo talegazo. Y aunque la caída fue muy

fuerte  tuvo la fortuna de dar entre las ramas de unos fornidos árboles. Como era el día de la Virgen creo,

se le atribuyó a ella el milagro de que no le pasara nada.

Estaba cabilando que también  podía ser milagroso, el que yo pudiera volver a salir algún día, dado la

catarata de obstáculos que se me habían aparecido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por una u otra causa llevaba mucho tiempo sin salir, quizás un año, bueno, dos trepadas o tres,

distanciadas cuatro o cinco meses entre cada una de ellas. La no coincidencia con los compañeros,

ese dolorcillo provocado por las vértebras del cuello, asuntos personales, trabajo, obligaciones….

me hicieron llegar a un estado físico lamentable. Porque claro, coger un pincel y levantarlo a la altura

de la cara, no es la forma más idónea de entrenarse para escalar.

Salí del impasse en una de las abundantes conversaciones que suelo mantener con Alex Puyó,

escalador que por si fuera poco, además se dedica a recoger historias de hace cincuenta años y

verterlas en su página A0 A vista. Publica cosas actuales pero también le gusta bucear en la época

y alrededores de Rabadá-Navarro.

En una de esas salió el tema de escalar juntos y después de hacer el Pisón por la Pany, lo invité a ir

al Espolón Sol y Sombra, aceptó diciéndome que nunca había estado en el Tornillo. Así que fuimos

cuatro meses después de subir al Pisón, osea que yo seguía con mi pertinaz desentrenamiento,

ronroneando que si no sé si podré subir, que si la fatiga…  Pero todo salió a pedir de boca, subí el

espolón otra vez y Alex hizo el Tornillo. No pensar que ya estoy en forma, aunque bajamos bien  y

fuimos a comer a la chopera donde se celebraba la reunión anual de la E.V.A. y llegué a casa entero.

Desde el lunes hasta el jueves lo único que no me dolió de todo el cuerpo, fueron el pelo y las uñas.

Estoy “magullao”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nota-aviso. Fernando Orús cuando hizo la vía, me preguntó socarrón. Oye, pero el sol en esa vía

¿cuando está?  Tenía razón, el sol no da hasta la una de la tarde. Si llegas antes a la cima toda la vía

está en sombra.Norte. Hace fresquito y si corre el aire, incluso hace frío, en contraposición con

Pisón Sur – Visera que en los mismos días son un cocedero. Esto les ha pasado a todas las cordadas que

la han hecho, una vez equipada. Pero cuando Jesús y yo íbamos abriendo vía hubo un par de días entre

las dos y las seis de la tarde que casi se nos funden los plomos de tanto calor. Y a partir de las dos la

vía va por donde el sol y la sombra parten el mallo. Orús y Goyo Martinez en la tercera ascensión fueron

lógicamente con ropa de verano y ese día se “quemaron” de frío.

891 Palabras

Circo de Piedrafita.

Mi amigo Alberto me regala un libro, escrito por el, a la salida de una proyección de

montaña. Se titula:

CRÓNICA PIRINEISTA DEL VALLE DE TENA (1900-1950).

 X y XI PREMIOS DE INVESTIGACIÓN “VILLA DE SALLENT”.

ALBERTO MARTINEZ EMBID

 

Al llegar a casa, animado por el título y conociendo a Alberto Martinez, ya sé que me

va a contar historias de los pioneros y que van a ser abundantes. El nombre de

Sallent me anima aún más, porque fue el primer pueblo del Pirineo que pisé para

hacer montaña.  Y cuando pongo el lomo del libro en mi mano derecha, pasando

las hojas con el pulgar de mi izquierda desde el final hacia el principio -en un gesto

aún no explicado, que vengo haciendo algunas veces-  y dándome cuenta de qué

casi todo gira alrededor del Balaitús y de sus crestas, quedo definitivamente

enganchado. También me llama la atención y me asalta una cierta inquietud al ver

la proximidad que hay en la edad, entre las suyas y la mía, puesto que siete años

después de que acaben estos relatos hago el Balaitús, siendo la primera montaña

que subo en mi vida. Y me choca la idea de proximidad en el tiempo, de estos,

pioneros-héroes, cuyos nombres he oído y he nombrado muchas veces, puesto

que están en picos, crestas, guías y vías, pero que al mismo tiempo por una visión

analfabeta, los percibía lejanísimos, heróicos si, pero casi vetustos.

Corrijo y leyendo los relatos me he dado autenticas palizas con ellos subiendo y

bajando gleras, contorneando agujas y pisando cimas. Vaya gozada.

Esta lectura me ha hecho recordar historias de montaña que fueron las primeras

de mi vida y que se desarrollaron en el Circo de Piedrafita.

Para mí eran tiempos en que la palabra circo, lo único que me traía a la mente,

eran trapecistas, elefantes o payasos. Esto cambió gracias a Cintero, osea Angel

Lopez,(al que habíamos conocido , no hacía mucho en Mezalocha) que me invitó

a formar parte de un nutrido grupo que iban a subir en Semana Santa al circo de

Piedrafita. Tenía dieciséis años. Por lo cual tramité los pertinentes permisos en casa.

Abril de 1957.

Ya estamos en marcha. Canfranero a reventar hasta Sabiñánigo. Tensina a Sallent,

luego a andar. La Sarra, paso del Oso, Llanocheto, refugio Alfonso XIII. Todo nuevo

para mi. Campoplano, ibón de Respomuso (que entonces decíamos Respumoso),

ibón de las Ranas. Y nieve, nieve por todos lados. Y con aquel calzado. Unas botas

con las suelas mas blandas que unas zapatillas de ahora y cubriendo el empeine

una tela que se empapaba en cuanto pisabas nieve. No importaba. Había mucho

que ver. Por la noche las metíamos en el saco intentando secarlas.

Al día siguiente subimos al Balaitús por la brecha Latour  y al otro, a la Gran Fache

por el collado y la arista. Nos parecieron fáciles, salvo pequeño atasco en el corredor

por el que subimos en fila haciendo huella pisando.

Al cuarto día bajamos a Sallent y cogimos la Tensina camino de Zaragoza. Se había

acabado la excitante mini-vacación.

Aunque creo que nadie del grupo había hecho las Crestas, alguno se sabia de

memoria todos los nombres de picos, puntas o agujas, Tridente o cuernos incluido.

Hablaron mucho de ellas, de oídas, de sus recorridos, que si desde el Norte o por el

Sur y nosequienes habían empalmado las tres seguidas. En el tren ya casi no cabía

en mi cabeza otra cosa que volver, para montarme y recorrerlas, solo las del Diablo

¡eh!. Las que iban del Cristales al Sulano. Pero no era fácil. De donde sacar tres o

cuatro días, porque dos ya se empleaban en ir y volver. Luego estaba lo del dinerito.

Además habría que convencer a mis compañeros habituales.

Bueno, podría ser en vacaciones, en aquel entonces se daban casi en bloque para

todo el pais el día 18 de Julio. (doce días laborables, más dos o tres domingos).

Así que se trataba de esperar tres meses, porque lo de los compañeros, resulto

fácil. Con Mustienes y Lacasta planeamos todo y en la espera se nos unió Esteban

de Pablo, compañero de trabajo de Lacasta, mayor que nosotros y hombre sabio.

Cuando llegó la fecha, nosotros tres nos adelantamos dos o tres dias, porque

Esteban no podía venir antes. (Menos mal).

Ver planteamiento: Actividades y comida. -Los jóvenes en un ataque de bisoñez-

Primer día: Fiambrera de casa para el viaje.  Segundo día: Desayuno. Bote de leche

condensada con agua del ibón y galletas Maria. Comida, como estaremos escalando

“comida de ataque” puñado de pasas. Por la noche pastillas de caldo de gallina y

lata de sardinas. Tercer día, “comida de ataque”, puñado de almendras e higos

secos. Cuarto, “comida de ataque”… Quinto, “comida de ataque”……

Pues ya está, primero vamos a las Crestas del Diablo, al día siguiente chimenea de

Carlos-Eduardo, al otro a aquello de más allá, después….. ¡ Bien, ya está !

El 18 salimos de Zaragoza, tren, tensina y caminata, por la tarde estamos en el

refugio, nos cepillamos los restos de fiambrera y a los sacos, que mañana habrá que

madrugar. Y eso es lo que hago, porque soy el que menos duerme, aún no hay luz

pero asomo el hocico por la puerta. Mustienes me ha oído y pregunta: ¿Nos

levantamos?. Meto la cabeza y le contesto: No, que está nevando. Comentario.

¡Como va a nevar, el 19 de Julio!

Pues claro que nevaba. Y ventisqueaba con una furia que no nos dejaba salir más

que para lo que os imaginais y el ir a por agua, nos lo jugábamos a los chinos.

Allí, cercados por la ventisca estuvimos dos días y medio, tiempo suficiente para

liquidar la “comida de ataque” de toda la semana, porque la ganica de comer no

se nos fue por la inactividad y con tanto tiempo libre…..

El 21 por la tarde, creo, mientras el tiempo amainaba, apareció Esteban de Pablo

cargado con una pesada mochila, llena de comida, de la de verdad y varios kilos de

pan. El bueno de Esteban ya se barruntaba algo de esa “panda de indocumentaos”.

Nada más llegar, nos preparó un arroz en paella con calamares, huevos duros y

tiritas de pimiento…. y pan.

Con el alborozo de su llegada y la del buen tiempo, la panza llena, al día siguiente

nos fuimos a las Crestas del Diablo. En dos cordadas. Primero subir al Cristales,

luego descender por el Este y contornear por el Norte por debajo de la cumbre y

entrar a pie llano en las propias crestas.  El día parecía bueno, la roca era excelente,

(para los que nos habíamos hecho en Mezalocha) y todo se desarrollaba bien, hasta

que a la mitad y con unas nube de nada, se formó una tormenta de agua

considerable.

Abandono, por unanimidad. Comenzamos a destrepar  desencordados, buscando un

lugar para rapelar, era fácil pero al estar mojado Lacasta resbaló, dio varias vueltas,

para terminar con una acrobática vuelta de campana de espaldas, a medio metro

del cortado, clavando los pies no sé donde y las manos apoyadas en la roca y en

una de ellas, la cuerda que había cogido mientras caía y que no le hubiese servido

de nada, puesto que no estaba sujeta a ningún sitio. Mientras los demás nos

quedamos mudos y ojipláticos. Pasado el susto, continuamos buscando bajada y

con un solo rapel llegamos al suelo, encaminándonos hacia el refugio, donde nos

esperaban las delicias culinarias de Esteban. El tiempo empeoró, no tanto como los

primeros días, pero si lo suficiente como para no salir del refugio, hasta acabar con

las vituallas de Esteban justo cuando acababa la semana proyectada en el Circo.

Una noche, durante la cena, ocurrió un hecho paranormal. El de siempre preparó

huevos frescos abiertos en tomate, uno para el y otro para mi, en una fiambrera

donde nos repartíamos fraternalmente las untadas en el tomate. Y en otra

fiambrera para Mustienes y Lacasta, aunque lo hizo igual (dos huevos con

tomate) no resultó lo mismo. Estaban tan abstraídos en el unte del tomate,

que ninguno de los dos se percató del acontecimiento que iba a ocurrir. De

repente Lacasta exclamó “¡Pero, donde está mi huevo!”. Mustienes con su cara de

niño inocente, la mano suspendida en el aire con un trozo de pan goteando

tomate contestó. “Pues no lo sé”. Entonces dijo Lacasta. “¡Pero, como no lo vas

a saber! ¡Que te has comido los dos huevos!”. Mustienes con un gesto de

perplejidad le contestó vacilante. “Pues.. no me he dado cuenta”.

Yo creo a Mustienes, (no se dio cuenta) ¡pero tanto como paranormal!

Pasada la semana y sin estrenarnos en Piedrafita nos bajamos a Sallent donde mis

tres compañeros montaron en la Tensina camino de Sabiñánigo-Zaragoza.

Yo, aún tenia otra semana de vacación y había quedado en el mismo Sallent con

Montaner, que me dijo, vendrían con el “Super” (un coche de los años 1920-30

que compraron los mayores y pusieron a punto, para ir a aquellos lugares a los

que no llegaba el tren). Con Montaner, aparecieron Rabadá, Bescós y Nanin.

Me recogieron y nos fuimos al Midí d’Ossau. Pero esa fue otra historia…

 

1958

Al año siguiente, también en Julio, volvemos Lacasta y yo a Piedrafita con la

intención de ir solo a las Crestas del Diablo.

Por la mañana salimos del refugio envueltos en la niebla, sin mucha fé en el

tiempo. Llegamos hasta ellas, pero ni siquiera entramos, escarmentados del año

anterior. Vamos descendiendo, mientras deambulamos por las gleras, sabiendo

que el día está perdido. Hasta que de repente va aclarando y se despeja. El sol

nos cae a plomo. Nos hemos equivocado. Ahora estaríamos a mitad de crestas.

Abrimos una lata de sardinas. Estamos frente a las crestas LeBondidier.

¿Vamos?. Venga.

Al principio son divertidas, la pared está casi vertical, hemos empezado desde lo

más bajo y vamos rectos. Después comienza a tumbarse y sigue entretenida la

trepada, pero llega un momento en el que ni se trepa ni se anda. Comenzamos a

aburrirnos, hace calor y en la primera oportunidad propicia nos desmontamos de

la cresta por su izquierda y nos volvemos al refugio. Al día siguiente nos volvemos

a Sallent donde habíamos quedado con Montaner. Apareció con Pepe, Mustienes

y Soriano. Y en un taxi rural, nos llevó a Panticosa-Balneario. Para al otro día,

conducirnos por Brazato y Ara, a la cara Norte del Vignemale a vivir en Villa

Meillón, un pedrusco con agujero en el suelo, antes de que hubiera refugio.

Pero esto también es otra historia.

Este mismo año y mes volvimos a pasar por el Circo de Piedrafita, venimos de

Wallon camino de Sallent y digo bien, pasar, porque íbamos disparados hacia

Zaragoza. No quedaban más días.

 

Año 1959.

Julio por supuesto. En estas vacaciones no nos planteábamos hacer nada en

Piedrafita, pero sí, teníamos que pasar por allí de vuelta a casa.

La idea central era ir al Vignemale, a la cara Norte de la Pique Longe y lo que

cayera.  Éramos tres marchadores y cuatro escaladores. Comenzamos a

caminar en la pradera de Ordesa hacia la Brecha Rolando. Refugio Sarradest.

Gavarnie. Vignemale, refugio Baiselance. Por motivos extra-alpinos, cambió la

idea original, solo estuvimos allí un día y se continuó hacia Pont d’España y

Coterest, luego aterrizamos en el refugio de Wallon donde quiso la casualidad

que conociéramos a un chico de catorce o quince años, avispado y deseoso de

conocer las supuestas hazañas de los escaladores españoles. Como pasamos

la noche allí, tuve la ocasión de charrar bastantes ratos con el, teniendo en cuenta

que ni el ni yo hablábamos el idioma del otro.  Al día siguiente, por la mañana,

antes de despedirnos el entusiasta muchacho me contó que cuando fuera mayor,

quería hacer las Crestas del Diablo. Le hice un gesto de complicidad y le deseé

suerte.  Más despedidas y nos encaminamos hacia Piedrafita por el collado de la

Facha, camino de Sallent y Zaragoza. Pero al llegar al refugio de Piedrafita me

doy cuenta de que me quedan tres días de fiesta. El grupo sigue hasta Sallent y yo

decido quedarme allí, aunque sea solo. Quizás aparezca alguien. Duermo en el

refugio y a la mañana siguiente al ver que por allí no aparece nadie, se me enciende

la bombilla, me acuerdo del chico de las Crestas.. Bueno, a ver si lo dejan….

Así que cojo la mochila y me voy a Wallon, lo encuentro, le pregunto si quiere venir,

me dice que sí, se mete para adentro y al rato sale con dos bocadillos de pan blando

con queso envueltos en una servilleta y la mochila. Nos vamos (para mi volver) al

refugio de Piedrafita. Al llegar nos encontramos con dos catalanes. No hablan

mucho, pero cuando se dan cuenta que nos metemos en los sacos sin cenar, nos

dan unas pastillas de Avecren para hacernos una sopa. Por la mañana sin

desayunar caliente (en mi mochila solo quedan restos, polvo de galletas y alguna

pasa-almendra) salimos, nos subimos al Cristales. Cima a las ocho de la mañana,

tres horas más tarde estamos en el Soulano. Todo ha ido sobre ruedas, el chaval

funciona de maravilla, aunque todo tenemos que solucionarlo con gestos y silbidos.

Yo voy mientras hay cuerda, luego tiro de ella y el me sigue. No pregunta nada, el

sigue y sigue, trepando. Me sorprendo del horario. Y mi cabeza empieza a bullir,

¿por que no hacemos las de Costerillou?   Para bajar hay que ir al collado entre el

Soulano y las de Costerillou, pasamos de largo una falsa brecha y en la segunda

(que es el descenso) mi compañero se para y señalando hacia abajo dice “par ici

par ici“. Lo sabe de sobra. En Wallon, el día que lo conocí, me había enseñado

una guía Ollivier.  Yo como no entendiendo, me hago el loco y avanzo cincuenta

metros por las de Costerillou. El grita, “no, no”.  Pero con el francés que yo sé,

como le explico ahora y lo convenzo de que son las once de la mañana, hace un día

espléndido y tenemos la oportunidad y el tiempo de sobra para llegar al Balaitús.

Tiro de la cuerda para que venga hacia donde estoy y pienso que el piensa (este

español se equivoca o está pirado y nos vamos a meter en un buen lio). Cuando

está más cerca, señalando con el brazo hacia delante le grito: Balaitús, Costerillou-

Balaitús. Cuando comprende que lo que no quiero es bajar, sino seguir, parece que

se tranquiliza y no le disgusta la idea. Así que seguimos a buen ritmo aunque un

poco más cansados, sin encontrar mucha dificultad, salvo un paso corto en la

Torre de Costerillou, de quinto, más o menos, llegamos a la cima del Balaitús a

las tres de la tarde.

Nos felicitamos mutuamente. Estamos muy contentos.

El día sigue bueno y casi nos fastidia que se acabe. Enfilamos hacia la brecha

Latour que ya conozco y nos vamos al refugio. Nada más llegar, nos separamos,

Francois recoge su mochila y se marcha a Marcadau-Wallon. (Nunca lo he vuelto

a ver). Aún le quedan tres horas y media de actividad ¡vaya jornada!. Yo me quedo

a dormir.  Como ya no están los catalanes, no hay sopa. Y a la mañana siguiente

me bajo a Sallent, sin desayunar por supuesto.

Entré en la Fonda Faure y pedí una comida, no era habitual en mí, comer en

restaurante, pero aparte del billete del tren, tenia uno de cincuenta pesetas. Me

cobraron treinta y me quedó para pagar la Tensina, a la que me subí sujetándome

la barriga, camino de Sabiñánigo-tren. Fin de vacaciones.

Con Francois Bombalot, aún nos carteamos un par de veces y me mandó la foto en

la cima del Balaitús. Lo último que supe, es que estuvo en el final de la guerra de

Argelia y que por los tiempos que corrían, le tocó un reclutamiento de cuatro años.

Un tiempo después una de las cartas no tuvo contestación y aunque indagué por

medio de unas amigas de Lourdes y del C.A.F.(aquella dirección, ya no funcionó).

Nunca supe de el.

 

El año 1960. No fui a Piedrafita, porque  fui a Alpes, a una estancia para monitores

de la E.N.A.M.

 

Pero al año siguiente, pude ir con un numeroso grupo en una temprana Semana

Santa, ubicada en la última semana de Marzo.

El grupo en general, iban al Balaitús y  la Facha. Pero el primer día convencí a

Toñin Vicente y nos escaqueamos saliendo un poco antes, yéndonos a las Crestas

del Diablo. Subimos al Cristales con crampones, en las crestas no los usamos y

nuevamente en el Soulano para bajar. El día salvo niebla mañanera, salió

espléndido. Del Cristales al Soulano empleamos cinco horas. Preciosa travesía.

Y aunque estábamos en la cima, a la una del mediodia, la bajada fue laboriosa,

destrepada con un rapel de quince metros al final y llegamos al refugio de noche.

 

Al día siguiente cumplimos con parroquia acompañando al grupo a la Gran Facha.

Los dos días fueron preciosos.

Una vez en Zaragoza, afloró algún quisquilloso, diciendo “eso no es una invernal,

el invierno termina el 21 de Marzo”.  Pues muchas gracias. Como si nosotros

no lo supiéramos.

 

Pasados los años, aún  hubo varios episodios, propios y ajenos, que sucedieron por

Aguas Limpias en pos de las Crestas del Diablo, que no culminaron en positivo.

Ciñéndome a las propias, que son las que mejor conozco, destacan dos que

terminaron chuscamente.

La primera, salimos de Formigal el día Nochevieja, para llegar al refugio el día

de Año Nuevo con un tiempo imposible, todo cubierto, sin luz, sin ver el cielo ni

un segundo. Como dentro del refugio y en parado teníamos más frio que fuera en

movimiento, duramos poco allí. Y aunque sabíamos que habíamos hecho una

tontuna y que nos ibamos a volver sin hacerlas, ya que estábamos allí, podíamos

subir hasta el Cristales, por si cambiaba el tiempo  ¿? cosa que hicimos con

crampones y envueltos en una espesa niebla. En la cima comimos alguna cosa y

cuando ya los pies, se nos estaban quedando de madera, comenzamos el descenso,

y sin parar llegamos a la Sarra-Formigal. Esto ocurrió en el ¿69? con Carmelo Royo

y Oscar, un muchacho de Pamplona, que ayudaba a  llevar en verano, el refugio de

Goriz a Toni Martí. Más adelante se casó con una canaria, se fue a vivir al calorcito

de las Islas y espero que se haya templado ya.

 

En la segunda, el embarque-tontuna fue para nota. En otro final-principio de año,

éramos tres, creo, aunque no recuerdo los nombres. El tiempo infernal, sin parar

de nevar. Nos hundíamos hasta las ingles. Como no podíamos sacar las piernas

de la huella, optamos por tirarnos de espaldas, luego pisando por turno, hacíamos

trinchera para avanzar. Esta vez también pretendíamos ir a las Crestas.

Una vez que estuvimos ya maduros, bien agotados, bien chipiados  y rebozados

como  albóndigas en harina, sin un centímetro de ropa seca, llegamos a

Llano Cheto después de seis o siete horas de brega. Cualquiera que lo conozca

sabe, que en condiciones normales cuesta una hora. Allí mismo dimos la vuelta.

Sobresaliente Cum Laude.

Durante la vuelta siguió nevando hasta que estuvimos dentro del coche. Después

tambien.

 

 

3,431 Palabras

TORNILLO. Espolón Sol y Sombra. Norte.

Este mallo tambien pertenece al grupo de los olvidados. Está en el extremo,

a la derecha de la Peña Don Justo y cerca de la senda que va a la “Ferrata”. 

Tiene una via normal por el collado. Rabadá, M.Bescós, Montaner. 1952.

Otra por la cara Este (con algo de Norte) via Pepón. Maza y Serrano.1971.

Y la cara Oeste. Berges, Prado, Morente y Orús. 1976.

La normal después de la primera, se hizo seis veces hasta 1957, una hasta

1961 y otra hasta 1963, luego ninguna hasta el fín del libro en 1969.  Los

dos libros que le siguen, no los he podido rastrear por estar desaparecidos.

No obstante en el primero, ya se vé como las visitas al mallo van decayendo

¡Vamos! lo normal que ha ocurrido -en estos  últimos treinta o cuarenta

años- con los mallos pequeños o alejados del pueblo.

Este mallo tiene buen dibujo. Aunque desde el oeste es muy ancho, desde el

norte, aproximación o Peña Don Justo se le vé airoso, está formado como

si fueran tortetas de Ayerbe apiladas una encima de otra. Y es más ancho

por arriba, que por enmedio y base. Si estuviera junto al pueblo, se haria

continuamente.

Le pregunto a Carlos Maza por su via y me dice que no sabe si se repitió.

Y ante la misma pregunta a Orús, me dice: Que el Guirles con un compañero

y no recuerda más. Es posible que pudiera haber alguna repetición, pero no

muchas y en esta última época, por supuesto que ninguna.

Yo estuve en la normal en 1961 pero no recuerdo ni por donde se iba al

collado.

Así que en éstas estamos, hace un tiempo, ya dije que Jesús y yo no

teníamos remedio, pero es que particularmente noto que se me ponen los

ojos cariñosos, con los mallos escondidos, los rincones olvidados, los

collados en los que nunca he estado, o no me acuerdo, las canales que no sé

donde terminan, ni qué se verá desde allí. Y con cualquier pizca de terreno

que de joven no me interesaba o directamente despreciaba por las urgencias

de la lista de prioridades que teníamos.  Ya sé que me estoy refiriendo a una

porción mínima de territorio, que esto no es la península del Labrador, pero

todavia no lo conozco del todo y mientras quede algo me lo voy a pasar bien

Un dia de finales de Abril andando por debajo de los Fils, traté de acercarme

a las paredes del Tornillo. No habia camino ni senda, todo bosque, tuve que

apartar ramaje, bracear y romper las ramas secas de los árboles caidos por

el incendio y luego podridos por el agua. Desde la senda de la Ferrata, me

costó media jornada tocar pared.  Se me quedó en el ojo un espolón que

trepaba panza tras panza y contra más arriba, mas gordas y desplomadas.

A los tres dias de este paseo estábamos Yarza y yo, metidos en harina.

Aunque pasamos el bosque mojado de dias anteriores, salvo los cuatro o

cinco primeros metros, no hubo problema. La roca seca y sana nos

proporcionó una buena escalada exploratoria. Hicimos una tirada de mas

de cuarenta metros, (quedó montada) llegando a una amplia cornisa donde

 montamos reunión y rapel que queda ya como definitivo.

Volvimos a casa con una primera  impresión buenísima. Aquello prometia.

Pero como todo no puede ser felicidad, empezaron a torcerse algunas

cosillas..  Ajenas a la propia escalada, que continuaba prometiendo bastante

En la conversación me comentaba Jesús que esta via habria que resolverla

en el mes de mayo, contando con que todos los fines de semana no podria

venir, a mí me parecia bien no meternos en meses de calor y más en la zona

de extraplomos que orientan un poco al oeste y por la tarde el sol se torna

inclemente.

Pues bien, estamos a primeros de mayo y ” la primera en la frente”, nos toca

lluvia, solo son goteos intermitentes, pero lo suficiente como para ni tocar

la patinosa pared..

Volvemos cuando Jesús puede y hacemos una segunda tirada corta y luego

atacamos una pared extraplomada en dirección a las panzas, pero queda

abortado por una abundante  tormenta. No nos mojamos mucho porque la

reunión la tenemos debajo de un techo a escuadra. El auténtico remojón

nos lo damos al encontrarnos a pie de via, zapatillas y ropa totalmente

mojadas y cruzar todo el bosque que está impregnado. Ese dia Jesús

conduce el coche con los gatos, que es el calzado mas seco que le queda.

http://www.youtube.com/watch?v=A2VR52mx_8Y

http://www.youtube.com/watch?v=PH09sEZEoZ4

Al descolgarme un poco rápido del extraplomo, para refugiarme de la

tormenta en la reunión, me lesiono un poquito el hombro y dos dias despues

en casa, me aparece un dolor de riñones que va en aumento.    Bien, otro

factor.     Ahora, un dia no puedo salir por el dolor, otro no puede Jesús,

cuando puede Jesús y yo me aguanto el dolor, no se puede por la predicción

del tiempo. Y es que después del remojón, miramos al cielo de reojo.   Total,

que se nos ha agotado Mayo y en Junio ya me había avisado Jesús que no

podia porque tenia que cosechar cerezas.  Y otras obligaciones.

Con paciencia fui negociando el paso de los dias y gestionando mis variados

dolores de espalda hasta que el último fin de semana de Junio, pude, pudo,

pudimos escamotear un dia a la obligación y logramos tocar cima.

Tremendas panzas…  Muy aéreo.  Emocionante.

A la semana siguiente, primeros de Julio, volvemos, limpiamos, montamos

un buen rapel de cima y recogemos material.

983 Palabras

145 MEZALOCHA. Peña del moro. Via Goito.

145 son los años que sumamos Angel Lopez y un servidor y el cuatro de

Mayo trasladamos nuestros huesos a esta mítica vía, mítica por las veces

que no se subió. Al contrario de otras clásicas que se suben

constantemente.

La historia de esta via comenzó en algún momento de 1957 con Antonio

Lacasta, Jesús Mustienes y yo mismo. Teníamos 16 o 17 años, muchas ganas

y mucho despiste. Ibamos a intentar hacer la Peña del moro, que así se

llamaba la Peña y la única via que habia en aquel entonces (J.A. Bescós,

Angel Lopez y Esteban de Pablo, 1954). Andábamos por la base a la busca de

una chimenea seguida de una fisura, cómo nos habian contado y pasándonos

de largo sin verla, encontramos otra chimenea que podia ser la que

buscábamos. Sin más comienza Mustienes haciéndose la primera tirada, en

la segunda, ante un estrechamiento y no pudiendo clavar, pidio un paso de

hombros, subió Lacasta y sin ningún seguro le hizo el paso de hombros,

Mustienes siguió hasta que hizo reunión, pasando una cuerda de cáñamo,

alrededor de dos bloques empotrados. Esta tirada la hizo sin ningun clavo.

Llegamos nosotros y un pelin espantado intento meter una clavija en fisura

que parece ciega, pero que a base de insistir, entra entera.  Comienzo la

tercera tirada que va desde los bloques con cáñamo y clavija, hasta un árbol

seco que se ve en lo alto de la pared.  Y aquí comienza el baile. Un comienzo

de tirada engañoso, porque empieza suave con un espolón tumbado con

buenas presas aunque alguna suene a hueco. En ese terreno pongo un clavo

que todavia está hoy en dia. Fabricación propia. A partir de ahí, las presas

se convierten en agujitas romboidales que apenas se sostienen unas a otras,

es un reguero blanco (el resto es rojizo) en terreno vertical y tendiendo

hacia la izquierda y alejándose del ansiado árbol. Entro en ese terreno, con

los pies siempre pisando plano las puntas de aguja y nunca de lado, para que

no se desmoronen. Las manos nunca cogiendo las presas de frente, sino de

costado en el colladito entre agujita y pared con los dedos índice y corazón.

Trato de meter un clavo, pero todas fisuras se abren, sigo subiendo hasta

que consigo poner uno, no me parece bueno, pero es lo que hay.  Cuando

estoy dos metros por encima, el clavo se sale solo con el movimiento de la

cuerda. Tarde para destrepar, continuo y cuando puedo pongo otro clavo al

que le vuelve a pasar lo mismo, se sale.  A estas alturas, me veo muy lejos de

la reunión y mi propósito ya no es subir, pero sigo subiendo para ver si

puedo meter un buen clavo y bajarme de él.  He llegado a un punto en el que

desaparecen las agujitas blancas y una pared rojiza y extraplomada me

cierra el paso y tengo el árbol a mi altura pero muy a la derecha.  Sigo sin

poder meter nada y la travesia me parece casi imposible. Pero no pierdo

muchos segundos en pensar.  Comencé a pasar y cuando ya no pude

aguantar me lancé hacia el arbol, enhebrando con los dos brazos una raiz

que salia y entraba en la pared. Subí por ella hasta el tronco y me puse a

caballo en él.   Estrechamente empotrado entre el tronco y la pared, a

horcajadas, los pies colgados de cara al vacio, después del agobio, aquello

me parecia un trono de dioses. Aunque atrapado en la estrechez, ni siquiera

pensé en volverme cara la pared y meter un par de clavos aprovechando la

mejor fisura y la mejor roca que habia en toda la Peña durante un par de

metros. Asi que grité ¡¡reunión!! y pasándome la cuerda por la cintura me

dispuse a recuperar a Lacasta, que comenzó a subir.   Los primeros metros

hasta el clavo, todo discurrió normal, pero cuando entró en las agujitas

blancas, aunque vió el panorama, no le prestó la suficiente atención, como

suele ocurrir cuando se va con cuerda por delante. La consecuencia fué que

se despegó de la pared por dos veces con las presas de manos y pies,

causando estruendosos desprendimientos. Mustienes que estaba protegido

al final de la fisura-chimenea, no vió las piedras, pero las oyó y juraba y

perjuraba que le habian pasado a milímetros de el.  Esto anunciaba como

iba a terminar el asunto. Desde su posición en la reunión no se veia la pared,

pero aun así decia “yo no pienso subir por ahí”. Mientras Lacasta consigue

llegar al árbol y nos amontonamos en el. Consultamos con la reunión de

abajo. ¡¡Bueno, qué!!  Que qué, que os bajais ¿no?. Los del arbol despistando.

“Falta poco”.  El de abajo. Yo por ahí no pienso subir..  Así que, todos de

acuerdo.  Pasamos la cuerda por el tronco y rapelamos hasta la reunión de

Mustienes, al que ya le habia vuelto el color, junto con la tranquilidad.

Y de allí bajamos pasando la cuerda solo por el agujero de la clavija.  Los

rápeles entonces no tenian mucha sofisticación.

En Zaragoza ya descubrimos que aquello no era la via de la Peña del moro.

Después hubo alguna intentona de encontrar compañero para volver, pero

no hubo fortuna, ya que el episodio se propagó, con grandes dosis de

fabulación y ya no salió ningún voluntario…

Aproximadamente cuatro años despues tuve un accidente y estuve una

docena de años apartado de las paredes.

Como la vida sigue, fué apareciendo gente nueva, unos “jóvenes látigos” de

entre ellos Valentin Asensio y Fernando Orús, que cogieron un dia y dijeron,

vamos a ver esa via, si tiene brujas o solo son batallas de abuelos.  Pues

fueron y la subieron. La primera parte (dos tiradas) hasta la reunión del

cáñamo lo hicieron por donde nosotros, aunque cambiaron de sitio la 

reunión. Y de aquí al árbol, no tocaron las agujas blancas y desde el clavo 

que quedó y aún está, fueron directos hasta el arbol en artificial. Usaron el

árbol de reunión pero tuvieron el  buen sentido de clavar la reunión usando

la buena fisura y desde allí en artificial y luego en libre llegaron a la cima.

Esto ocurrió en 1986.    29 años después de la primera llegada al arbol.  Que

se sepa, no hubo ningún intento entre medias. Ni tampoco ninguna

repetición después de ellos.  Aparte de nosotros y ellos que la terminaron,

la via estuvo inédita más de cincuenta años. Hasta que hace dos o tres,

Cintero propuso darle equipación porque pensó que era una pena que

estuviera tan olvidada. Fue con varios compañeros, Orús, Lacasta..y quedó 

lista alternando clavos y paraboles. Ultimamente Cintero se ha convertido

en guia y propagandista de la via (y de las otras que hay en la Peña) y ya ha

llevado a varios amigos, que se han dejado.

Llevábamos varios meses intentando coincidir hasta que salió el dia, fuimos

y pasamos una buena mañana en Mezalocha, aunque todavia hubo que

esquivar alguna piedra..

Ahora con la equipación ha quedado humanizada, aunque todavia hay que

tener el ojo abierto.

1,247 Palabras

LA PEÑA SOLA. 11-5-1958

Después de salir del trabajo, comer a toda máquina y seguir corriendo,

llegamos a la estación del Norte y nos montamos en el “canfranero”. Una

vez colocadas las mochilas, tenemos el primer respiro del dia sentándonos

en los bancos de madera. Hablamos y pensamos tranquilamente, pero con

la excitación interior provocada por ir hacia lo desconocido.  En el club, en

Montañeros de Aragón hemos oido cosas, -cuidado-, nos han contado otras,

-ojo-.   Vamos repasando todo lo absorbido: Que si el techo, que si después

“el paso de las pitonisas”, mas adelante, mala reunión y mala roca ¡vaya!,

pero luego por arriba todo es más facil. Menos mal.

Se ha subido muy pocas veces -seis- en 11 años, desde la primera en 1947.

Y ¡quienes han subido! -Serón, Millán, Laguens-. La segunda M. Bescós,

Rabadá, Cintero en 1953,  la tercera J.A. Bescós, Montaner, Diaz en 1956,

la cuarta Virgili  y Cantero,  la quinta  de Pablo y Ligorred, los primeros

que no duermen en la pared y lo hacen en el pueblo. Vaya nómina…

En estas cavilaciones se va pasando la tarde y el viaje.  Y cuando llegamos a

la estación de Riglos (que no al apeadero)  como casi siempre con la acción

se nos pasa la ansiedad.   Hemos bajado del tren y tenemos que recorrer

nueve kilómetros hasta  Agüero por una carretera de tierra y piedra

apisonadas. Se acabó el pensar. Y con unas mochilas… Cuerdas de cincuenta

metros de once milímetros-cáñamo- clavos de hierro, mosquetones idem,

estribos caseros, martillos idem, las fiambreras…   Como todavia no hemos

aprendido a andar despacio, nos damos una buena “panadera” y llegamos al

pueblo sin resuello y tantico “acaloraos”.   Buscamos la casa, donde daban de

dormir.  La encontramos y nos recibe una señora que nos dice que si, que es

allí y nos pasa a un cuarto encalado, donde hay tres o cuatro hombres con

vaso de vino en la mano y sentados en unas tablas asentadas en troncos y

cajas de madera. Sin otro adorno. Era el Bar o lo que hacia de Bar. Ellos con

la espalda en la pared y mirándonos. Nosotros, Mustienes y yo, diecisiete

años, no sabiamos que hacer. No bebíamos vino, todavia. Nos sentamos en

la tabla enfrente de ellos y lo que no recuerdo es si por fin tragamos con el

vino o nos sacaron botellin de cerveza.  Rompió uno de ellos el hielo

preguntando que, a qué habiamos ido, contestamos que a subir la Peña.

Momentos de incredulidad, ojos como platos y miradas entre ellos.

Volvieron a preguntar varias veces y se fué avivando la conversación

Pero como vais a subir, si apenas sois unos mocosos, tener cuidao quesa

piedra es mu dura, ¡que van a subir!  se contestaban entre ellos, si no saben

ni ande van, mirar, se dirije uno a nosotros.  Una vez vinieron un grupo

de más de veinte, hombres hombres, y ¡no pudieron subir! Contestamos,

quizás vinieron de excursión. Y el, no no, eran falangistas que mandaban

mucho y no pudieron subir..  Como nosotros seguimos diciendo que vamos

a subir o a intentarlo, otro ataca de nuevo preguntando, pero por lo menos

os pagaran algo ¿no?  Y nosotros: Pues nó, quien nos va a pagar… El de al

lado. Que si, que si, algo les darán..  El otro con ojillos maliciosos ¡Hombre!

Nosotros que no, hasta que uno de ellos suelta,   pues no lo entiendo, no

entiendo tanto empeño en subir a una peña, porque allí ¿que hay, que se

ve? ¿que haceis una vez arriba?  Hombre, yo subiria, si me fuera a

encontrar un saco de oro o una mujer en pelotas… La conversación siguió

pero ya no me acuerdo de muchas de las frases que allí se oyeron..

A la mañana siguiente después de no dormir mucho, nos levantamos a las

cinco y a las seis estábamos a pie de via preparando los bártulos.

Comenzamos con un paso de hombros que me hizo Jesús, haciendo

equilibrios hasta que puse las manos en el techo, metí un clavo y puse

estribo, desde allí uno más y me situé debajo de una panza que se solia

salvar en artificial con tres clavos, pero vi la posibilidad de volverme hacia

el vacio, metiendo el culo en una cornisa y pasar por ella dos o tres metros,

hasta encontrar un rellano donde pude ponerme de pie, volverme de nuevo

cara la pared y desde allí poner con la mano izquierda un clavo en la parte

alta de la panza, con el que pasamos hasta unas cornisas, ahorrándonos el

poner dos más. Buena reunión, se clava a placer. Sube Mustienes y desclava,

en el segundo -como el siguiente esta en la panza lejano y a la derecha y

ningún otro apoyo- tiene que golpearlo estando colgado de el. Cuando el

clavo sale, Mustienes vuela. No hay percance gracias al extraplomo. Se

restablece y quita el de la panza, llegando a la reunión.  Toma la cabeza y se

lanza a por el famoso “paso de las pitonisas” -artilugios de hierro, de dos

centímetros con anilla, que he fabricado en el taller- el paso es un muro con

pocos relieves y unos agujeros minúsculos donde no caben los dedos. De

ahí lo obligado de hacerlo en artificial. Jesús pone un par de pitonisas en los

agujeros, rellenándolos con plomo -que he traido del mismo taller- pero

como no se siente del todo feliz colgado de aquellos hierrecitos, lo resuelve

a libre yendo en oblicuo ligeramente a la derecha. Reunión mala en cornisa

buena. Me recupera y continua por esa cornisa andando agachado y

contorneando un espolón. Reunión mala en cornisa buena y aérea.

Emocionante. Tomo el relevo y le pateo la espalda en un nuevo paso de

hombros, meto un buen clavo muy alto y desde el por un diedro canal llego

a una cuesta de tierra con arbol enorme. Sigo por un muro con una buena

fisura con intención de no poner nada, a pesar de que hay señales claras de

que han clavado, hay un momento en que el paso se pone patinoso, lo

pienso mejor, destrepo y pongo un clavo, continuo hacia  arriba, luego

travesia a la derecha y llego a una buena cornisa con sabina. Es reunión y

rapel. Viene Mustienes y sigue por buenas y abundantes presas, facil, hasta

una cueva con puentes de roca. Magnifica reunión. Me recupera y continuo

a tope de cuerdas hasta la antecima. Esta tirada, que nosotros describimos

como facil -no tendria mas historia, si no fuera por la anécdota, de que hasta

años despues, varias cordadas nos decian que en la última tirada  habia

algún paso muy dificil. Yo al año siguiente volví a subir dos veces, una con

Lacasta, otra con Escobedo y siempre me pareció facil. El truco estaba en un

arbolito al pie de un diedro, que mientras algunos lo rodeaban por la

derecha, nosotros nos agarrábamos a el, poníamos un anillo de seguro, sin

más entre la reunión y la cima. Claro, para los que iban por la derecha

evidentemente era muy dificil y esto lo compruebo, cuando he vuelto

treinta y cuarenta años despues y  he pasado por la derecha. Es un muro

completamente vertical y la roca no es muy buena. Hay tres paraboles en

cinco metros. Pero a la izquierda, cerca, allí sigue el arbolito.

Estamos un rato en la cima, deben ser las dos de la tarde. Creemos que el

descenso será rápido y sencillo, pero en el primer rapel aun tenemos una

pequeña aventura, por bisoños. Pusimos el rapel en la rama de sabina mas

hermosa que habia, pensando en bajar por el lomo que habiamos subido,

pero doy el primer paso y ya me quedo colgado en “volao” sigo un poco más,

siempre pensando en el lomo, pero cada metro me mete mas en el “volao”,

abandono la idea pensando que a algún sitio me llevará y desde luego, casi al

final de las cuerdas toco pared en una cornisa justa para los pies, no puedo

meter nada y aviso a Mustienes de que no hay reunión,-el lugar mirando

hacia arriba es extraplomado y hacia abajo, abismal-  baja y despues de

luchar un poco con un miniatasco, recuperamos las pesadas cuerdas de

cáñamo. Procurando que no se nos vayan de las manos y desencordados

vamos pasando por la exigua cornisa que se convierte en pared pero ya

tumbada y de buena roca, llegamos a la cueva donde habiamos hecho la

última reunión y desde allí ya sin problemas y con dos rápeles llegamos al

suelo.

Vamos hacia el pueblo y en la primera calleja, nos estan esperando unos

zagales alborozados que nos acompañan hacia la plaza y que alborotados se

dirigen hacia un abuelo que está sentado pegado a la iglesia y apoyado en su

gayata.   Lo ve lo ve, han subido, los hemos visto antallarriba o cima y los

hemos visto bajar agarrándose a las sogas. Que si, que si..   Y el hombre

imponiendose por encima de aquel avispero, suelta:  Miá que sois inocentes,

que no hombre que no, que no han subido, que sus lo hacen ver, que son

como brujas, que susluhacen ver pero no han subido. Abuelo, que lo hemos

visto, que si, que si.  El hombre ya desbordado por la chiquilleria, aún

argumenta:  Pero como van a subir, a ver, donde está la senda, eh, donde

está el camino. Y termina sentenciando: Además, carretera que no saca

polvo, pa jodela.  Una vez que la cosa se fué calmando hablamos un ratito

con el y hasta nos preguntó por los artefactos que llevábamos. -tenia razón-

si no de qué.  Nos fuimos hacia la casa donde habiamos dormido a recoger y

comer de fiambrera, pensando que aún habia que ir hasta la estación de

Riglos y no perder el tren que pasaba antes de las siete de la tarde.

Llegamos a cogerlo. Esa noche dormimos en casa.

Hablando con Mustienes, a punto de acabar este escrito, me dijo: que fuimos

los primeros que,  en el mismo dia subimos la Peña Sola y logramos coger el

tren.  Era la octava ascensión.

1,760 Palabras

“HAZAÑAS”. No todo es gloria.

Estamos Lacasta y un servidor, sentados en el suelo desdoblando clavijas y

dando mordiscos al bocadillo de mamá entre martillazo y martillazo.

Aparentemente tranquilos, relajados, sin prisas..  Hace un solete bueno y

acabamos de desembarcar del autobús que nos ha traído a Vadiello. Para

nosotros es la primera vez que estamos aquí, nos han hablado del Puro, los

mayores. Y avisado “cuidado que cuesta más de lo que parece”, “cuidado que

hay artificial, que no hay nada puesto”… Pero nosotros, jóvenes pelín osados

pensamos que no será para tanto, total noventa metros… Además en Riglos

ya hemos hecho vias mucho más largas y en unos horarios rápidos para la

época. Nos sentimos temerariamente seguros y jugueteamos con la idea de

bromear con los mayores.  Ante tanta pachorra por nuestra parte, Esteban

de Pablo escalador y hombre sabio, preocupado porque se nos hace tarde,

nos aconseja no fiarnos. (Esteban con Cintero son los que habían hecho la

segunda escalada al Puro).    “A ver si os va a faltar día”, a lo que le

contestamos con un “nos sobra día y nos falta mallo”. El sigue porfiando,

nosotros terminamos los bocadillos y recogemos.  Por donde va esto…

Cogeís ese lomo y entrais en una canal que se abandona a la derecha y por

unas zarzas llegais al collado, le dais la vuelta y ya vereis..  Estas son las

fichas que solíamos usar en los años cincuenta y nueve y sesenta…

Dejamos la canal, pasamos por las zarzas y vemos por primera vez de cerca

el Puro y lo que será dentro de muchos años (35)  la via que abrió Garcia

Picazo, pues al pasar le he comentado a Lacasta, “mira esas fisuras

discontinuas, por ahí se podría hacer una via.  Pero de momento nosotros

vamos a la única via que hay y está en la cara opuesta del mallo.  Pasamos

por el collado y damos la vuelta hasta una cornisa arbolada, salvamos un

pequeño muro con presa de “garbancillo” y Lacasta se lanza a por la fisura,

encontrándosela limpia  tal como nos lo habian anunciado, aunque este no

es el problema, sino que tiene que hacer uso de la mejor artesania con los

clavos cortos y medianos que llevamos, cuando la fisura ancha y profunda

pide a gritos escarpas, tacos de madera incluso algún sable hubiese venido

bien.   Me recupera y le tomo el relevo. Estamos debajo de una panza.  La

subieron en 1953 haciendo agujeros con buril de 12 mm. metiendo clavos

cortos. (Como dato diré que en Riglos aún tuvieron que pasar muchos años

hasta que se hizo el primer agujero de buril).   No sé si fue por costumbre o

por estrategia pero no solo quitaron los clavos sino que los arrancaron y

rompieron los agujeros dejándolos inservibles, muy abocardados.  Parón.

Con paciencia y pericia, usando pitonisas y cuñas de madera en agujeros

que alguno no tenia ni un centímetro de profundidad  (en uno de ellos se

salió la pitonisa hasta cuatro veces)  fui ganando terreno y conseguí

sentarme en la cornisa-reunión encima de la panza. A partir de aquí, todo

es en libre..  Estaba disfrutando del momento mientras Lacasta se acercaba

a la reunión, cuando oímos unas voces y al seguido gritos desde la carretera.

¡Venga, que ya es hora! Que se va el autobús. Que se va hacer de nocheee…

Y de vez en cuando  tocada de cuerno  ¿En qué consiste?  En cerrar la mano

haciendo un tubo, ponerla en la boca y entonar un: tutú  tutúúúúúú    ¿Que

quiere decir?   Os vais a bajar.  No habeis podido.  No tenéis lo que hay que

tener. Etc..   Ese bullicio nos saca del ensimismamiento y nos preguntamos

que hora es.   Mientras Lacasta asoma la cabeza por la reunión, le digo.  Hora

de bajarse.  Al principio se sorprende, pero rápidamente entiende cual es la

situación y comenta ¡pero si lo que queda es fácil!   Vaya choteo que va  a

haber ahí abajo, pienso yo.

Comenzamos a rapelar y ya en el suelo escaseando la luz, vamos hacia la

canal bosqueando.   Los de abajo no se limitan a frotarse las manos, sino que

algunos cogen linternas y vienen hacia nosotros, señalándonos la buena

dirección con los focos, gracias a lo cual podemos encontrar senda y llegar

sin más a la carretera. Es denoche. El autobús un hervidero. La entrada

triunfal.   Tutú   tutúúúúúú         ¿Así que os sobraba día y os faltaba mallo eh?

Pues no Esteban, esta vez    “nos ha faltado día y nos ha sobrado mallo”.

          La frase estuvo coleando durante  meses, o años.

 puro de vadiello

Aunque no fue acuñada esta vez, sino que ya habia sido empleada en otras

ocasiones.

                   EL COLMILLO

Una de ellas no puedo contarla en primera persona, por no haber estado

presente, pero me la contó Cintero, gran fabulador y recolector de todo tipo

de historias.

Pues por lo visto, érase una vez que iban Montaner y Rabadá en un autobús

 a San Cosme y no sé porque razón Pepe Diaz a lomos de una moto.  Una vez

los tres reunidos, se dirigieron hacia una aguja llamada el Colmillo por lo

visto de no mucha importancia y escaso renombre. Una vez navegado el

mar de matas y teniendo en cuenta que la normal ya habia sido subida,

decidieron empezar por la otra parte, la más larga. Harían una primera.

Ahí empezó una fiesta en la que participaron activamente, en su primera

parte Rafael Montaner y Rabadá, haciéndole pasos de hombros.  Rafael

piensa que un poco más a la derecha será más facil, pero “como les sobra día”

se lanza.  Primeros jadeos, esta roca no sé..  el clavo no vale mucho..  hay

una panza..  vendria bien un paso de hombros.. este medio clavo no es gran

cosa.. si pudiera llegar a aquellas presas..   Entre ponte bien y estate quieta,

se les ha ido media jornada. Deshacen lo hecho y lo destrepan, paso de

hombros incluido.   Deliberan.   2ª Parte.   Vamos por la via normal, dicen

decididos. Aunque no es pronto, “todavia nos sobra día”.  En esta ocasión el

osado es Pepe.  Pone una clavija, sale a libre, pero se vuelve, pone otro clavo

y otro, vaya.. pues esto no parece que.. si pudiera.. quizas si.. otro clavo

más.. Pepe se “cansa”.   Nueva deliberación.  Como un poco más arriba han

visto una clavija abandonada, deciden que aunque ya es tarde, pueden subir

hasta ella, sacarla y luego se van. Esta vez toma el relevo Rabadá que sube

un poco más que Pepe y comienza a desclavarla. No puede, hace reunión,

sube Montaner recuperando el material, le hace un paso de hombros para

que pueda golpear mejor, Rabadá le pide que le cambie el martillo, sigue

sacudiendole y la clavija sigue tan campante.  “Deciden” dejarla, se bajan en

rapel y mientras recogen los bártulos rumian, ni primera, ni normal, ni

clavija y piensan mientras se retiran, “que no les va a sobrar tanto dia”.

 desde la mitra

Hablando con Pepe me ha dicho, que Montaner escribió un artículo para el

boletin de Montañeros de Aragón. Enero, febrero, marzo, abril, 1958.   

 Titulado: LOS”BUENOS”.  Para curiosos.                                                          

                      EL FRAILE                  

Y la otra, me la contó José Antonio Bescós protagonista junto a sus             

compañeros habituales Montaner, Rabadá, Nanin, Pepe y Navarro, en 

una de aquellas salidas con el Super  a nuevos lugares donde no se 

llegaba en tren o autobús.

En esta ocasión se trataba de ir al Salto de Roldan, concretamente a la

aguja El Fraile. Han aparcado en la explanada junto a la Peña San Miguel 

y se sabia más o menos que la normal estaba hecha o que debia estar 

hecha, además, estamos ante la plana mayor del alpinismo aragonés. Y 

no se pueden andar con medianias. Quieren una via nueva. Y por la

pared mas larga y abismal. Todos de acuerdo y se bajan hasta el rio 

Flumen, atraviesan la espesura y tratan de localizar el punto idóneo para

el ataque, no es facil decidirse, por aquí… no mejor por… yo creo que… 

a mi me parece… La mala roca amarillo-rojiza no ayuda en la decisión.

“Nos van a dar las tantas” dice alguien con dudas. Y entonces Rabadá, 

creo que es al que se le atribuye la frase, soltó,    ¡bah! “sobra día y falta 

mallo”.  Así que se deciden por algo y nuevamente empieza una historia

que se ha repetido muchas veces y que os habrá pasado a algunos de 

vosotros.    Ya voy yo, segundos después, vaya.. no creia que fuera tan…

es que.. si pudiera meter algo… por aquí no va a poder ser…  -dice uno-

“mira a ver por la derecha”. Otro, “cógete a la presa que tienes encima,

asómate”  “bájate tu, que me subo yo”,  no no, mejor será…       

Así va transcurriendo la jornada, sin conseguir grandes avances, hasta que

caen en la cuenta de que el dia va acortando y el mallo sigue bastante

entero.   “Deciden” dejarlo para mejor ocasión o para otros que se puedan

perder  por aquellos andurriales.

Cada uno pensando en lo suyo, desandan el camino de bajada, que ahora es

de subida, hasta la explanada y se montan en el  Super  rezando para que no

se les pare o pinche como ha ocurrido en otras ocasiones.

 con el super

R.Montaner/              J.A.Bescós/ P.Diaz/                                J.Vicente/A.Rabadá

                                      haciendo la foto: E.Navarro ? 

                                                                                     

                                                                                  

                                                     

                   

1,609 Palabras

Mallo CORONA. Cara Este

El mallo Corona está situado en el centro del sector de los mallos olvidados

y a pesar de su porte vertical, ha sido completamente ignorado. No tengo

noticias, ni comentarios, ni relatos, ni historias, ni croquis, ni escritos fuera

o dentro del libro de firmas, o guias. Lógicamente, nosotros tampoco

habíamos estado en este mallo. Salvo algún escarceo en solitario,

rodeándolo, en mis paseos de jabalí. Así que ya tenemos la motivación.

Ir donde no se ha ido.

 .

El dia seis de Noviembre vamos a explorar y darle un  toque, nos decidimos

por una ruta en la cara Este, que está enfrente de la via Cara Norte del

Carilla, en el rincón escondido. La aproximación es la misma que al Carilla.

 .

Comenzamos por un diedrillo y a partir de aquí, la pared te va conduciendo

hacia un agujero-cueva.

 .

 .

 .

 .

 .

Hay intercambio de voces entre Alex que está en la “Lucia” de la Aguja Roja

y nosotros. Se está haciendo tarde, preparamos el rapel y aún le echamos un

vistazo al techo que tenemos por encima y a la pared vertical que tenemos a

la izquierda llena de presas pero todas sueltas. Pero bueno, eso es tema para

otro dia. Nos vamos al bar de Toño a por las jarras.

 .

Siete dias después el trece, volvemos, llegamos al agujero y resolvemos el

paso con un clavo y un puente de roca. Hacemos y recomendamos la

reunión cinco metros encima del agujero, en el que tambien se podria hacer.

 .

 .

 .

 .

 .

 .

 .

 .

 .

 .

 .

Seguimos por un muro, hasta llegar a la cuesta cimera, unos dieciseis metros

 .

 .

y elegimos montar la reunión en función de lo que luego será el rapel,

aunque aun falten unos veinte metros a la cima. Subimos. Panoramica

estupenda.

 .

Hacemos foto de cima, pero no sale muy bien.

 .

 .

 .

Al sol hace calorcito, pero en cuanto entras en sombra hace frio. Habrá que

ir pensando en las camisetas térmicas de manga larga. A la par de estos

profundos pensamientos, decidimos hacer rapel e irnos a hablar con Toño

Carasol, un rato.

 .

 .

 .

351 Palabras

Ruta Ernesto Navarro – FIRE

La idea de este itinerario es toda de Toño Carasol, que un dia me dijo, si lo

acompañaba a hacer una via que recorriera la arista Este, formada por todas

esas puntas que se siluetean contra el cielo.

Le dije que habia vias abiertas por las diversas agujas y dijo no importarle,

porque su pretensión era hacer posible este recorrido de la arista, uniendo

la parte nueva con el itinerario clásico.

 fire

 .

El comienzo de la via, cae al aplomo de la punta Este, despues llamada

Catalanes y los últimos años Sally, confundiendo la punta con el espolón

Sally que va hasta la punta Este. Este tramo es nuevo. Luego rapelar hacia el

collado inferior de la Montolar, subir directos, ligeramente de derecha a

izquierda hasta la cima. Tambien nuevo. Y rapelando al collado de la

Mallafré, tomar la clásica via Peire hasta la cima.

La Mallafré es obviamente el punto más alto del Fire y ahí termina la arista

ascendente, pero para aquellos que deseen más, pueden continuar por las

demás puntas hasta la No importa, sabiendo que se puede abordar por el

“paso de la via” o por la Mateo norte y bajar por el sur y volver a subir por el

sur, bajando por el norte o repasar el “paso de la via”.

 toño y rogelio

 .

 .

 cara norte

 ruaba

 amanecer

La preparación de este itinerario empezó en mayo del 2008, el 28 fuimos a

la punta Este a la derecha del espolón Sally y exploración de posibles

entradas-salidas por cornisas herbosas al “jardincillo”.  El 29 preparamos la

punta Montolar y por el jardincillo fuimos a la punta Mateo a darle un

repaso.

 .

 cima montolar

 collado montolar inf.

 .

 mateo

 en la mateo

 rio gállego

 .

Después pasaron más de dos años y en el 2010 el 30 de setiembre, fuimos a

lo que es el zócalo hasta la base de la Este, desbroce vegetal incluido,

 .

 .

 .

 .

 .

 .

 .

 .

 podando la reunión

y al dia siguiente, escalamos e hicimos senda por  el bosque colgante.

 .

 .

 montolar

 .

 .

 .

 .

 .

 pison y puro desde mallafre

 toño

Ya se que hay gente, que en ese tiempo, da la vuelta al mundo en una barca,

y que algunos, no ya en dos años, sino en dos dias, hacen dos caras nortes

lejanas entre si. Yo, lo único que se me ocurre decir en nuestro descargo, es,

que no utilizamos helicóptero.

Toño para animarme a ir, me dijo al principio, ponle tu el nombre que

quieras a la via. Y yo le puse, ya entonces, el nombre que encabeza el relato.

406 Palabras