Astorga – Riglos

Ambrosio llama por teléfono y me dice que quiere escalar, en Riglos claro, tiene

morriña,  y si queda tiempo, un ratito a Mezalocha.  Al preguntarle que tal por

ahí, me dice, el otro día tenía un hueco, fuí a Gredos subí al Torreón y me volví.

Lo que no sabía yo, es que ésta frase desencadenaría una anécdota que

me/nos ocurrió cuatro o cinco días después en Riglos.

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Ambrosio es un amigo que conocí con unos diecisiete años es los alrededores

del club Montañeros de Aragón de Zaragoza.  Aquí osea en Zaragoza pasó su

infancia, bachiller y carrera de medicina, estudios que llevó con ahínco cuando

le dejaba tiempo la escalada.  Formó parte de un grupito, fuerte, que fueron

punta de lanza entre los años 70 y 80 y  que dejaron huella en Mezalocha,

Riglos, Pirineo y Alpes.  Luego apareció una primita de Benavente, que creo

tuvo algo que ver con que se fuera para allá,  se casara con ella y se

instalaran los dos con trabajo en Astorga.

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En éstos últimos años no ha parado de hacer montaña, escalada, esquí de

fondo, bicicleta.  Corre todos los días, su mujer Mari Paz también y cuando

obtiene el preceptivo permiso, se viene para aquí a trotar un poco.

Así que el día 3 apareció al mediodía, comió en casa de su madre, sesteó y

a las siete de la tarde estábamos en Mezalocha al pie de la vía “Alba al alba”

haciendo la primera repetición.

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El día 4 nos fuímos a Riglos con Cintero, hicimos la Anglada-Guillamón al Pisón.

Por debajo de la Antosta a Ambrosio le cayó una piedra en el pie del tamaño

de un meloncillo.  Casí sin queja, me dice; creo que me ha roto algún hueso…..

y yo le contesto, ya será menos porque no aúllas.  Continúa como puede y por

la noche cenando, con el pie del color de una berenjena dentro de un barreño

de hielo…..     ….se acercan dos escaladores desconocidos para mí, se saludan,

Ambrosio volviéndose hacía mí, me dice; con éstos me encontré en Gredos

cuando subí al Torreón, son de Alicante están en el refugio de Sella.  Saludos,

se me abre una ventana en la memoria y le pregunto, yo conocí a un guarda

que estaba en Sella pero hace seis o siete años y no recuerdo como se llama,

era así, asa, escalé con él, una vía abierta con Cintero en el pueblo de mi

mujer. El me desgranó una serie de nombres posibles que habían pasado

por el refugio, y yo, no, no era, no me sonaba ninguno e insistía, si, era un

chaval muy majo porque dejó algo revolucionadas a las chicas de Libros

donde estuvo haciendo unos trabajos, entonces al oir Libros, la ventana

se le abrió a él y me pregunto/dijo, tu eres Gregorio Villarig? le digo que sí

y me dice, el nombre que buscas es Nacho de eso hace quince años y

soy yo.  Nos encontramos porque a mi me sonaba la palabra Sella y

a él Libros.

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Continuamos con el pie en el barreño….  Unos le dicen que si lo bajan a

Huesca otros que tíenen que hacerle una radiografía y él lo zanja diciendo

que va a esperar dos o tres días que baje la inflamación y luego ya se

hará la “radio”.  En éstas comenta; mañana no podré escalar y le

contesto, no te preocupes, lo dedicaremos a comer, beber y no hacer nada.

Continuamos de palique hasta las dos de la mañana, yo, cansado por

escalar dos días seguidos, me dispongo a dormir hasta que no pueda más.

A las diez de la mañana unos golpes en la puerta, Goito, Goito que han

venido éstos (éstos son, Valentín, Lalo, Orús y su hijo) abro la puerta

y entra Ambrosio dando saltos con el pie golpeado, que no me duele,

que no me duele.  El milagro no me afecta a mí, porque a mí si que me

duelen.  Hale, a escalar por tercer día consecutivo.  Hacemos la “Edil”

de la Aguja Roja.  “Estos” han ido a la oeste del Cored.

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La madre deToño Carasol nos hace una comida estupenda.

Volvemos a casa conduciendo Ambrosio.  Al día siguiente creo que se van

Ambrosio y Cintero a la “Edil” de la peña del Moro. Que no cuenten  conmigo.

Me paso el domingo alternando la cama, el sofá, la tele y el ordenata.

¡Que felicidad!.

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