Batalla del Paleolítico o (de cómo subimos la Aguja Roja sin poner ningún clavo).
Publciado por Gregorio Villarig - 07/04/09 a las 09:04:40 pmEramos jóvenes e inexpertos, bueno muy novatos. La experiencia, poca
aunque aprovechada, la técnica casi nula. Sabiamos que: ves grieta,metes
clavo, pones mosquetón, pasas cuerda. Y ya está. Nudos: As de guía para
encordar a la cintura y “Pescador” para unir las cuerdas y las bagas de rapel.


Documentación, ninguna, solo la explicación somera de; vais hacia la
Aguja. ¿ que cual es? la más roja, está a la derecha del Cored y delante del
Gomez Laguna, llegais a la base, le dais la vuelta y detrás empieza la vía.
¿Por la derecha o por la izquierda? Da lo mismo, le dais la vuelta y os
encontrareis “el Puente” entre la Aguja y el Gomez, subir a el y desde allí
por la pared de la Roja ya vereis por donde, la pared te lleva hacia una
chimenea, por la cual llegas a un “collao” y sin problemas hasta la cima. Vale
Material; dos cuerdas de cáñamo, una nuestra , la otra prestada, una baga
de rapel para cada uno, cuatro o cinco clavos y otros tantos mosquetones.
Los martillos merecen capítulo aparte porque fueron los causantes de
cómo se desarrolló la escalada. El de mi compañero, creo que lo cogió del
taller de escayola de su padre, dónde trabajaba y el mio era un martillo
enano con un mango escualido, la cabeza con pico de pato, osea de
carpintero. Una birria. Pero claro, era gratis. Un amigo mio,que no
escalaba y trabajaba en una ferreteria, nos lo sacó, olvidándose del
tíquet. Este hombre hace tiempo que es jubilado. La ferreteria hace
muchísimos años que cerró. Osea, supongo que esto habrá prescrito.
La cordada la formamos Jesús Mustienes y un servidor. Para Mustienes
iba a ser su primera escalada en Riglos. Yo, era el “experto”, ya había hecho
dos, conducido claro, por dos conocidos escaladores. La primera fué a las
cinco puntas de Fire llevados por Antonio Virgili, participaron los también
novatos Cisneros, amigo mio y un tal Serrallonga, al que curiosamente
nunca he vuelto a ver desde aquel dia.



La segunda escalada fué al mallo Cored por su cara Oeste, conducido por
Luis Lázaro.
Creo que eran las fiestas del pueblo, había baile en la plaza y los mozos te
hacian beber, total que nos fuimos a dormir al ribazo de un campo. Entre el
frio y los vapores no conseguimos cerrar los ojos y a las dos o tres de la
mañana Luis me dijo ¿nos vamos a escalar? Vale, adonde. A la Aguja Roja.
Bien, nos encaminamos hacia los mallos pequeños (yo no los conocia)
llegamos a uno y me dice, aquí. Comenzó y continuó la escalada, yo le
seguia y al final me dejó pasar para hacer la tirada y media (facil) que
quedaban hasta la cima.


Llega Luis, dejo de asegurarle y me voy al montón de piedras que protegian
el libro en el buzón. Abro el cuaderno y leo mallo Cored, normal, Oeste,
normal. Oye Luis, que esto no es la Aguja Roja, aquí pone que es el Cored.
Y me contesta. ¡ Y que mas dá que mallo sea! El caso es escalar. En ese
momento no me atreví a insistir y además estaba emocionado y exultante
con la llegada a la cima y en aquel momento se estaba haciendo de dia, con
ese fresquito de la mañana…

En fín, con el paso del tiempo se me fué olvidando porque carecia de
importancia, pero ahora recordándolo, me doy cuenta que sigo sin saber
si no sabía cual era la Aguja Roja. 2º. Sí lo sabía, pero cambió de idea al
pasar junto al Cored. 3º. Con los vapores del vino y la oscuridad le pasó lo
mismo que al célebre Dinio, el de ” la noche me confunde”.
Como decia antes Mustienes iba a por su primera en Riglos, yo a por mi
tercera, pero en lo que estábamos iguales, es en que los dos no teníamos
esta vez, ni guía ni tutelage.
12- Octubre 1957. Mustienes 16 años, yo 17. Estamos entre la Aguja Roja y
el Gomez Laguna, pasando por debajo de un agujero que debe ser “el Puente
De momento vamos bién. Nos encordamos y comienzo por la chimenea que
hay entre el Puente y el Gomez, paso por detrás de una sabina y cuando ya
dan ganas de poner algo, me meto más adentro empotrándome en la
chimenea y viendo luz en lo alto, me meto por el agujero angosto y
continuo hasta arriba. Lo recupero. Mustienes me sigue por la estrechez
retorciéndose como una anguila. Nos reunimos. Me asegura desde dentro
del agujero, cruzo el Puente y toco la pared de la Aguja, comienzo a subir
al poco me encuentro un paso con pocas presas y muy pequeñas. Como no
es caso pararse a clavar o tener dudas, lo paso y después ya cuando la
pared cede, me dispongo a poner el primer clavo. Le doy un primer golpe
suave para fijarlo y cuando le doy el segundo, ya fuerte para clavarlo, veo
con asombro y un conjunto de sensaciones, como la cabeza del martillo
sale despedida hacia atrás dando vueltas y en dirección al suelo. Se me
quiebra algo por dentro. Y me veo con aquel ridículo mango en la mano…
Se me llena la cabeza de ideas, amontonadas, hasta que se abre paso una
sobre las demás. Mustienes, átame tu martillo en la cuerda, que me lo subo.
Y yo..? Tú te quedas sin martillo. Resuelto. Se me limpian las ideas que me
giraban por la cabeza, ya no tengo que destrepar, ya no tenemos que
bajarnos al suelo.. Me ato el martillo al encordaje y me dispongo a clavar,
pero en ese instante se me plantea un dilema. ¿Debo dejar un clavo en la
pared? Porque si yo lo clavo, Mustienes no lo podrá quitar. Sabeís lo que
significaba para nosotros dejar un clavo? Y si nos hace falta más arriba?
Bueno, guardo el martillo y continuo subiendo, total este tramo es muy
fácil… Continuo hasta llegar a una oquedad con techo, parece dificil, dudo,
lo ataco y colgado de los brazos, los pies metidos más de un metro, con una
panza en la cara que no me deja ver y toda la espalda mirando al suelo.
Desisto. Destrepo. Repito la operación un par de veces, subo y destrepo.
Me rindo, voy a meter un clavo. Es necesario. Si tenemos en cuenta que de
donde estoy hasta Mustienes ya hay más distancia que de Mustienes al
suelo. Osea que de aquí llego al suelo sin que la cuerda se tense.
Cojo el clavo, busco y pienso que al fondo de la oquedad hay humedad y
algún hierbajo con que es posible que haya clavadero. Apoyo la mano al
fondo y noto algo que no es roca, me fijo más y veo una anilla, una
maravillosa anilla seguida de clavo,camuflada en el barro de la escorredura
golpeo el clavo suavemente, suena bien, es bueno. Se me limpian todas las
telarañas de la mente, meto el mosquetón y la cuerda, hago el paso de la
panza y desemboco en una preciosa plataforma plana, semicircular.
Reunión, hay dos clavos con anilla gorda (féretros) A la bajada me doy
cuenta de que es el rapel. (Mucho lujo me parecia que estuvieran solo para
reunión). Recupero a Mustienes y como ya estoy en harina le digo que sigo.
Salgo por un terreno descompuesto y con presas pequeñas hacia una
chimenea a la que llego tras pasar dos desplomes delicados, uno
agarrándome a unas matas y el otro poniendo de seguro la baga de rapel
en una mini-sabina, así llego a la chimenea que está descompuesta pero ya
me veo seguro, empotrándome en ella, sigo hasta que me tropiezo con una
piedra empotrada, que me cierra el paso, vaya, tendré que salirme de la
chimenea, pero me parece muy arriesgado, sin otro seguro, que la baga en
la “mini”, hasta la reunión, unos treinta metros. Como me encuentro a gusto
dentro de la chimenea intento pasar la piedra por dentro y después de
arrastrarme como una lombriz, lo consigo. Ya está. De golpe estoy
asegurado y tengo la reunión resuelta. Con un pie en la piedra y bien
empotrado, me dispongo a recuperar a mi compañero, que sube rápido y
al llegar a la piedra-tapón ve que la cuerda va por dentro e inicia unas
tímidas protestas de porqué no he pasado por fuera. Se lo explico. El dice
que por ahí no piensa meterse. Vale. Parlamentamos. Mustienes se queda
debajo de la piedra, empotrado en la chimenea, recupera toda la cuerda
que tengo yo y con la piedra empotrada como único seguro, continuo hasta
el collado y previo subir al mogote que hay a la izquierda, me aseguro y
hago la reunión en una sabina. Mientras recupero la cuerda sobrante,
pienso si podrá pasar por dentro, además el ha dicho que no pensaba
hacerlo… y lo cumple. Cuando tengo ya la cuerda tensa, me dice que no
tire y ni corto ni perezoso se desencuerda, pasa la cuerda por encima de la
piedra y se vuelve a encordar. Sube, pasando la piedra por fuera y dándole
las gracias por los servicios prestados, supongo… y se reune conmigo.
Avistamos la cima y subo esta última tirada facil y descompuesta sin poner
ningún seguro. Hago la reunión en la enorme sabina de la cima. Sube
Mustienes. Estamos contentos, anotamos en el libro y alguno comenta,
pues al final no hemos empleado el martillo… No le dámos mayor
importancia, el caso es que estamos en la cima y enteros, pienso yo.
Comenzamos el descenso desde la misma sabina. (La sabina continua allí
hoy dia, pero los rápeles se montan en un excesivo tinglado de sirgas).
Bajamos hasta el mogote o agujita del collado donde montamos el segundo
rapel en otra sabina, ésta más pequeña pero suficiente y desde aquí hasta
la plataforma semicircular con los dos “féretros”, percatándonos de que
estamos recorriendo al revés el mismo camino que de subida. Osea, que
podiamos haber puesto clavos y recuperarlos a la bajada. Para la próxima
vez, ya lo sabemos. Desde aquí hacemos el tercer rapel y llegamos al suelo.
Plegamos y nos vamos al pueblo a casa de Don Justo, a comernos las
tortillas que nos hicieron nuestras madres en casa.



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Impresionante. Excelente historia.
No he podido quitarme la sonrisa de admiración de la cara en todo el relato. Hubiera sido para estar leyendo con el corazón en un puño de no haber sabido que todo terminaba bien.
Las fotos también son muy elocuentes sobre las técnicas y materiales de la época.
Esperamos impacientes la siguiente historia.
Saludos.
Comentario por elales — 8 abril 2009 #
super vueno pero tienen que tener sobre paleoliticos y la sociedad recolectora
Comentario por dineli — 17 abril 2009 #
Con dos cohones!!!! Ayer estuve en la Aguja Roja y en todo el trayecto dela via (Villarig) no deje de acordarme de ti sin conocerte.
Un saludo campeon. Como me hubiera gustado compartir unas cervezas contigo!!!
Comentario por Chabi — 4 mayo 2009 #
Muchas gracias. Lo de las cervezas aún tiene solución.
Comentario por Gregorio Villarig — 13 mayo 2009 #
dineli, gracias. El sentido (irónico) que le quise dar a “Paleolítico” era el de
Antiguo o muy viejo.
Comentario por Gregorio Villarig — 13 mayo 2009 #
Pues nada, si tiene solucion, habra que solucionarlo. A ver cuando coincidimos por la vertical para echar unos tragos a la bajada y celebrarlo (algo habra que celebrar, no???)
Abrazos varios
Chabi
Comentario por Chabi — 26 mayo 2009 #