por

LA PEÑA SOLA. 11-5-1958

Después de salir del trabajo, comer a toda máquina y seguir corriendo,

llegamos a la estación del Norte y nos montamos en el “canfranero”. Una

vez colocadas las mochilas, tenemos el primer respiro del dia sentándonos

en los bancos de madera. Hablamos y pensamos tranquilamente, pero con

la excitación interior provocada por ir hacia lo desconocido.  En el club, en

Montañeros de Aragón hemos oido cosas, -cuidado-, nos han contado otras,

-ojo-.   Vamos repasando todo lo absorbido: Que si el techo, que si después

“el paso de las pitonisas”, mas adelante, mala reunión y mala roca ¡vaya!,

pero luego por arriba todo es más facil. Menos mal.

Se ha subido muy pocas veces -seis- en 11 años, desde la primera en 1947.

Y ¡quienes han subido! -Serón, Millán, Laguens-. La segunda M. Bescós,

Rabadá, Cintero en 1953,  la tercera J.A. Bescós, Montaner, Diaz en 1956,

la cuarta Virgili  y Cantero,  la quinta  de Pablo y Ligorred, los primeros

que no duermen en la pared y lo hacen en el pueblo. Vaya nómina…

En estas cavilaciones se va pasando la tarde y el viaje.  Y cuando llegamos a

la estación de Riglos (que no al apeadero)  como casi siempre con la acción

se nos pasa la ansiedad.   Hemos bajado del tren y tenemos que recorrer

nueve kilómetros hasta  Agüero por una carretera de tierra y piedra

apisonadas. Se acabó el pensar. Y con unas mochilas… Cuerdas de cincuenta

metros de once milímetros-cáñamo- clavos de hierro, mosquetones idem,

estribos caseros, martillos idem, las fiambreras…   Como todavia no hemos

aprendido a andar despacio, nos damos una buena “panadera” y llegamos al

pueblo sin resuello y tantico “acaloraos”.   Buscamos la casa, donde daban de

dormir.  La encontramos y nos recibe una señora que nos dice que si, que es

allí y nos pasa a un cuarto encalado, donde hay tres o cuatro hombres con

vaso de vino en la mano y sentados en unas tablas asentadas en troncos y

cajas de madera. Sin otro adorno. Era el Bar o lo que hacia de Bar. Ellos con

la espalda en la pared y mirándonos. Nosotros, Mustienes y yo, diecisiete

años, no sabiamos que hacer. No bebíamos vino, todavia. Nos sentamos en

la tabla enfrente de ellos y lo que no recuerdo es si por fin tragamos con el

vino o nos sacaron botellin de cerveza.  Rompió uno de ellos el hielo

preguntando que, a qué habiamos ido, contestamos que a subir la Peña.

Momentos de incredulidad, ojos como platos y miradas entre ellos.

Volvieron a preguntar varias veces y se fué avivando la conversación

Pero como vais a subir, si apenas sois unos mocosos, tener cuidao quesa

piedra es mu dura, ¡que van a subir!  se contestaban entre ellos, si no saben

ni ande van, mirar, se dirije uno a nosotros.  Una vez vinieron un grupo

de más de veinte, hombres hombres, y ¡no pudieron subir! Contestamos,

quizás vinieron de excursión. Y el, no no, eran falangistas que mandaban

mucho y no pudieron subir..  Como nosotros seguimos diciendo que vamos

a subir o a intentarlo, otro ataca de nuevo preguntando, pero por lo menos

os pagaran algo ¿no?  Y nosotros: Pues nó, quien nos va a pagar… El de al

lado. Que si, que si, algo les darán..  El otro con ojillos maliciosos ¡Hombre!

Nosotros que no, hasta que uno de ellos suelta,   pues no lo entiendo, no

entiendo tanto empeño en subir a una peña, porque allí ¿que hay, que se

ve? ¿que haceis una vez arriba?  Hombre, yo subiria, si me fuera a

encontrar un saco de oro o una mujer en pelotas… La conversación siguió

pero ya no me acuerdo de muchas de las frases que allí se oyeron..

A la mañana siguiente después de no dormir mucho, nos levantamos a las

cinco y a las seis estábamos a pie de via preparando los bártulos.

Comenzamos con un paso de hombros que me hizo Jesús, haciendo

equilibrios hasta que puse las manos en el techo, metí un clavo y puse

estribo, desde allí uno más y me situé debajo de una panza que se solia

salvar en artificial con tres clavos, pero vi la posibilidad de volverme hacia

el vacio, metiendo el culo en una cornisa y pasar por ella dos o tres metros,

hasta encontrar un rellano donde pude ponerme de pie, volverme de nuevo

cara la pared y desde allí poner con la mano izquierda un clavo en la parte

alta de la panza, con el que pasamos hasta unas cornisas, ahorrándonos el

poner dos más. Buena reunión, se clava a placer. Sube Mustienes y desclava,

en el segundo -como el siguiente esta en la panza lejano y a la derecha y

ningún otro apoyo- tiene que golpearlo estando colgado de el. Cuando el

clavo sale, Mustienes vuela. No hay percance gracias al extraplomo. Se

restablece y quita el de la panza, llegando a la reunión.  Toma la cabeza y se

lanza a por el famoso “paso de las pitonisas” -artilugios de hierro, de dos

centímetros con anilla, que he fabricado en el taller- el paso es un muro con

pocos relieves y unos agujeros minúsculos donde no caben los dedos. De

ahí lo obligado de hacerlo en artificial. Jesús pone un par de pitonisas en los

agujeros, rellenándolos con plomo -que he traido del mismo taller- pero

como no se siente del todo feliz colgado de aquellos hierrecitos, lo resuelve

a libre yendo en oblicuo ligeramente a la derecha. Reunión mala en cornisa

buena. Me recupera y continua por esa cornisa andando agachado y

contorneando un espolón. Reunión mala en cornisa buena y aérea.

Emocionante. Tomo el relevo y le pateo la espalda en un nuevo paso de

hombros, meto un buen clavo muy alto y desde el por un diedro canal llego

a una cuesta de tierra con arbol enorme. Sigo por un muro con una buena

fisura con intención de no poner nada, a pesar de que hay señales claras de

que han clavado, hay un momento en que el paso se pone patinoso, lo

pienso mejor, destrepo y pongo un clavo, continuo hacia  arriba, luego

travesia a la derecha y llego a una buena cornisa con sabina. Es reunión y

rapel. Viene Mustienes y sigue por buenas y abundantes presas, facil, hasta

una cueva con puentes de roca. Magnifica reunión. Me recupera y continuo

a tope de cuerdas hasta la antecima. Esta tirada, que nosotros describimos

como facil -no tendria mas historia, si no fuera por la anécdota, de que hasta

años despues, varias cordadas nos decian que en la última tirada  habia

algún paso muy dificil. Yo al año siguiente volví a subir dos veces, una con

Lacasta, otra con Escobedo y siempre me pareció facil. El truco estaba en un

arbolito al pie de un diedro, que mientras algunos lo rodeaban por la

derecha, nosotros nos agarrábamos a el, poníamos un anillo de seguro, sin

más entre la reunión y la cima. Claro, para los que iban por la derecha

evidentemente era muy dificil y esto lo compruebo, cuando he vuelto

treinta y cuarenta años despues y  he pasado por la derecha. Es un muro

completamente vertical y la roca no es muy buena. Hay tres paraboles en

cinco metros. Pero a la izquierda, cerca, allí sigue el arbolito.

Estamos un rato en la cima, deben ser las dos de la tarde. Creemos que el

descenso será rápido y sencillo, pero en el primer rapel aun tenemos una

pequeña aventura, por bisoños. Pusimos el rapel en la rama de sabina mas

hermosa que habia, pensando en bajar por el lomo que habiamos subido,

pero doy el primer paso y ya me quedo colgado en “volao” sigo un poco más,

siempre pensando en el lomo, pero cada metro me mete mas en el “volao”,

abandono la idea pensando que a algún sitio me llevará y desde luego, casi al

final de las cuerdas toco pared en una cornisa justa para los pies, no puedo

meter nada y aviso a Mustienes de que no hay reunión,-el lugar mirando

hacia arriba es extraplomado y hacia abajo, abismal-  baja y despues de

luchar un poco con un miniatasco, recuperamos las pesadas cuerdas de

cáñamo. Procurando que no se nos vayan de las manos y desencordados

vamos pasando por la exigua cornisa que se convierte en pared pero ya

tumbada y de buena roca, llegamos a la cueva donde habiamos hecho la

última reunión y desde allí ya sin problemas y con dos rápeles llegamos al

suelo.

Vamos hacia el pueblo y en la primera calleja, nos estan esperando unos

zagales alborozados que nos acompañan hacia la plaza y que alborotados se

dirigen hacia un abuelo que está sentado pegado a la iglesia y apoyado en su

gayata.   Lo ve lo ve, han subido, los hemos visto antallarriba o cima y los

hemos visto bajar agarrándose a las sogas. Que si, que si..   Y el hombre

imponiendose por encima de aquel avispero, suelta:  Miá que sois inocentes,

que no hombre que no, que no han subido, que sus lo hacen ver, que son

como brujas, que susluhacen ver pero no han subido. Abuelo, que lo hemos

visto, que si, que si.  El hombre ya desbordado por la chiquilleria, aún

argumenta:  Pero como van a subir, a ver, donde está la senda, eh, donde

está el camino. Y termina sentenciando: Además, carretera que no saca

polvo, pa jodela.  Una vez que la cosa se fué calmando hablamos un ratito

con el y hasta nos preguntó por los artefactos que llevábamos. -tenia razón-

si no de qué.  Nos fuimos hacia la casa donde habiamos dormido a recoger y

comer de fiambrera, pensando que aún habia que ir hasta la estación de

Riglos y no perder el tren que pasaba antes de las siete de la tarde.

Llegamos a cogerlo. Esa noche dormimos en casa.

Hablando con Mustienes, a punto de acabar este escrito, me dijo: que fuimos

los primeros que,  en el mismo dia subimos la Peña Sola y logramos coger el

tren.  Era la octava ascensión.

  1. Qué pasada, Gregorio… ¡Un relato fantástico! Nada, nada: con un puntillo de envidia cochina, ¡mi enhorabuena! Y un saludo cordial, desde luego…

  2. Os devuelvo el abrazo y el saludo. Gracias.

  3. Historia pura en vivo y en directo ¡fenomenal! y gracias

Los comentarios están cerrados.