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145 MEZALOCHA. Peña del moro. Via Goito.

145 son los años que sumamos Angel Lopez y un servidor y el cuatro de

Mayo trasladamos nuestros huesos a esta mítica vía, mítica por las veces

que no se subió. Al contrario de otras clásicas que se suben

constantemente.

La historia de esta via comenzó en algún momento de 1957 con Antonio

Lacasta, Jesús Mustienes y yo mismo. Teníamos 16 o 17 años, muchas ganas

y mucho despiste. Ibamos a intentar hacer la Peña del moro, que así se

llamaba la Peña y la única via que habia en aquel entonces (J.A. Bescós,

Angel Lopez y Esteban de Pablo, 1954). Andábamos por la base a la busca de

una chimenea seguida de una fisura, cómo nos habian contado y pasándonos

de largo sin verla, encontramos otra chimenea que podia ser la que

buscábamos. Sin más comienza Mustienes haciéndose la primera tirada, en

la segunda, ante un estrechamiento y no pudiendo clavar, pidio un paso de

hombros, subió Lacasta y sin ningún seguro le hizo el paso de hombros,

Mustienes siguió hasta que hizo reunión, pasando una cuerda de cáñamo,

alrededor de dos bloques empotrados. Esta tirada la hizo sin ningun clavo.

Llegamos nosotros y un pelin espantado intento meter una clavija en fisura

que parece ciega, pero que a base de insistir, entra entera.  Comienzo la

tercera tirada que va desde los bloques con cáñamo y clavija, hasta un árbol

seco que se ve en lo alto de la pared.  Y aquí comienza el baile. Un comienzo

de tirada engañoso, porque empieza suave con un espolón tumbado con

buenas presas aunque alguna suene a hueco. En ese terreno pongo un clavo

que todavia está hoy en dia. Fabricación propia. A partir de ahí, las presas

se convierten en agujitas romboidales que apenas se sostienen unas a otras,

es un reguero blanco (el resto es rojizo) en terreno vertical y tendiendo

hacia la izquierda y alejándose del ansiado árbol. Entro en ese terreno, con

los pies siempre pisando plano las puntas de aguja y nunca de lado, para que

no se desmoronen. Las manos nunca cogiendo las presas de frente, sino de

costado en el colladito entre agujita y pared con los dedos índice y corazón.

Trato de meter un clavo, pero todas fisuras se abren, sigo subiendo hasta

que consigo poner uno, no me parece bueno, pero es lo que hay.  Cuando

estoy dos metros por encima, el clavo se sale solo con el movimiento de la

cuerda. Tarde para destrepar, continuo y cuando puedo pongo otro clavo al

que le vuelve a pasar lo mismo, se sale.  A estas alturas, me veo muy lejos de

la reunión y mi propósito ya no es subir, pero sigo subiendo para ver si

puedo meter un buen clavo y bajarme de él.  He llegado a un punto en el que

desaparecen las agujitas blancas y una pared rojiza y extraplomada me

cierra el paso y tengo el árbol a mi altura pero muy a la derecha.  Sigo sin

poder meter nada y la travesia me parece casi imposible. Pero no pierdo

muchos segundos en pensar.  Comencé a pasar y cuando ya no pude

aguantar me lancé hacia el arbol, enhebrando con los dos brazos una raiz

que salia y entraba en la pared. Subí por ella hasta el tronco y me puse a

caballo en él.   Estrechamente empotrado entre el tronco y la pared, a

horcajadas, los pies colgados de cara al vacio, después del agobio, aquello

me parecia un trono de dioses. Aunque atrapado en la estrechez, ni siquiera

pensé en volverme cara la pared y meter un par de clavos aprovechando la

mejor fisura y la mejor roca que habia en toda la Peña durante un par de

metros. Asi que grité ¡¡reunión!! y pasándome la cuerda por la cintura me

dispuse a recuperar a Lacasta, que comenzó a subir.   Los primeros metros

hasta el clavo, todo discurrió normal, pero cuando entró en las agujitas

blancas, aunque vió el panorama, no le prestó la suficiente atención, como

suele ocurrir cuando se va con cuerda por delante. La consecuencia fué que

se despegó de la pared por dos veces con las presas de manos y pies,

causando estruendosos desprendimientos. Mustienes que estaba protegido

al final de la fisura-chimenea, no vió las piedras, pero las oyó y juraba y

perjuraba que le habian pasado a milímetros de el.  Esto anunciaba como

iba a terminar el asunto. Desde su posición en la reunión no se veia la pared,

pero aun así decia “yo no pienso subir por ahí”. Mientras Lacasta consigue

llegar al árbol y nos amontonamos en el. Consultamos con la reunión de

abajo. ¡¡Bueno, qué!!  Que qué, que os bajais ¿no?. Los del arbol despistando.

“Falta poco”.  El de abajo. Yo por ahí no pienso subir..  Así que, todos de

acuerdo.  Pasamos la cuerda por el tronco y rapelamos hasta la reunión de

Mustienes, al que ya le habia vuelto el color, junto con la tranquilidad.

Y de allí bajamos pasando la cuerda solo por el agujero de la clavija.  Los

rápeles entonces no tenian mucha sofisticación.

En Zaragoza ya descubrimos que aquello no era la via de la Peña del moro.

Después hubo alguna intentona de encontrar compañero para volver, pero

no hubo fortuna, ya que el episodio se propagó, con grandes dosis de

fabulación y ya no salió ningún voluntario…

Aproximadamente cuatro años despues tuve un accidente y estuve una

docena de años apartado de las paredes.

Como la vida sigue, fué apareciendo gente nueva, unos “jóvenes látigos” de

entre ellos Valentin Asensio y Fernando Orús, que cogieron un dia y dijeron,

vamos a ver esa via, si tiene brujas o solo son batallas de abuelos.  Pues

fueron y la subieron. La primera parte (dos tiradas) hasta la reunión del

cáñamo lo hicieron por donde nosotros, aunque cambiaron de sitio la 

reunión. Y de aquí al árbol, no tocaron las agujas blancas y desde el clavo 

que quedó y aún está, fueron directos hasta el arbol en artificial. Usaron el

árbol de reunión pero tuvieron el  buen sentido de clavar la reunión usando

la buena fisura y desde allí en artificial y luego en libre llegaron a la cima.

Esto ocurrió en 1986.    29 años después de la primera llegada al arbol.  Que

se sepa, no hubo ningún intento entre medias. Ni tampoco ninguna

repetición después de ellos.  Aparte de nosotros y ellos que la terminaron,

la via estuvo inédita más de cincuenta años. Hasta que hace dos o tres,

Cintero propuso darle equipación porque pensó que era una pena que

estuviera tan olvidada. Fue con varios compañeros, Orús, Lacasta..y quedó 

lista alternando clavos y paraboles. Ultimamente Cintero se ha convertido

en guia y propagandista de la via (y de las otras que hay en la Peña) y ya ha

llevado a varios amigos, que se han dejado.

Llevábamos varios meses intentando coincidir hasta que salió el dia, fuimos

y pasamos una buena mañana en Mezalocha, aunque todavia hubo que

esquivar alguna piedra..

Ahora con la equipación ha quedado humanizada, aunque todavia hay que

tener el ojo abierto.

  1. ¡Hola de nuevo, Gregorio! Cada vez que cuelgas una nueva entrada en tu blog, ya sé que voy a quedarme media hora (o casi) en cada una de sus imágenes… ¡Son fantásticas! Cualquiera diría que Ángel y tú habéis hecho un pacto con el diablo y que el tiempo no corre igual para vosotros que para los demás… Un saludo cordial…

  2. ¡Haceis muy buena pareja!; no sé si son los genes o los ..jones, pero es un placer contemplaros en una pared.

  3. Cuando subí con Cintero, en esta travesía tuve la osadía de tocar un bloque con cinco dedos, lo que el vademécum de la escalada recomendaba tocar solo con el meñique y sin presionar; el bloque curiosamente cayó casi al mismo tiempo que yo.

    Un abrazo

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